- En la adolescencia, el grupo de pares brinda seguridad y pertenencia, pero a veces surge la tensión entre encajar y elegir libremente.
- El consumo de sustancias a menudo se vincula con la necesidad de compartir códigos de grupo, desafiar límites o evitar la exclusión social.
- Decir 'no' puede generar temor al rechazo: es fundamental entender qué busca el joven (aceptación, validación) antes de juzgar la conducta.
- Prevenir implica fortalecer la autoestima, el pensamiento crítico y la certeza de que pertenecer nunca debería exigir dejar de ser uno mismo.
1. La búsqueda de pertenencia en la adolescencia
La adolescencia es una etapa de muchos cambios. Cambia el cuerpo, aparecen nuevas preguntas, se transforman los vínculos y comienza a cobrar especial importancia algo que puede parecer sencillo, pero que no siempre lo es: ¿quién soy y a dónde pertenezco?
Durante estos años, el grupo de pares ocupa un lugar primordial. Los amigos y compañeros con los que se comparte tiempo pueden convertirse en espacios donde sentirse comprendido, aceptado y parte de algo. Pertenecer puede brindar seguridad y ayudar a construir la propia identidad.
Pero ¿qué sucede cuando, para pertenecer, sentimos que tenemos que hacer cosas que en realidad no queremos hacer?
Pertenecer puede brindar seguridad y ayudar a construir la propia identidad. Pero la tensión surge cuando para encajar sentimos que debemos hacer cosas que no queremos.
2. Cuando pertenecer se vuelve más importante que elegir
No siempre hacemos algo porque realmente lo queremos. A veces lo hacemos porque queremos encajar, porque tememos quedar afuera o porque necesitamos demostrarle algo al grupo.
Esto puede suceder en situaciones cotidianas: aceptar un desafío, participar de una conducta incómoda, callarnos frente a algo con lo que no estamos de acuerdo o hacer algo que individualmente consideraríamos incorrecto.
En este sentido, el consumo de alcohol u otras sustancias puede aparecer vinculado no solamente a la sustancia en sí, sino a lo que representa dentro de un determinado grupo: compartir, pertenecer, experimentar, desafiar límites o evitar sentirse diferente. Comprender la importancia de la pertenencia permite mirar estas situaciones desde una perspectiva mucho más amplia.
3. 'Si no lo hago, quedo afuera': el desafío de decir que no
Una de las mayores dificultades durante la adolescencia es que decir 'no' no siempre resulta sencillo. Decir que no implica aceptar la posibilidad de ser cuestionado, burlado o excluido.
Por eso, más que preguntar solamente '¿por qué lo hizo?', resulta más útil preguntarnos: ¿Qué estaba buscando esa persona en ese momento? ¿Buscaba aceptación? ¿Tenía miedo de quedar afuera? ¿Necesitaba demostrar que podía hacer lo mismo que los demás?
Comprender estas necesidades no significa justificar una conducta de riesgo, sino entender qué hay detrás para poder intervenir de una manera adecuada y sensible.
Más que preguntar solamente '¿por qué lo hizo?', es clave preguntarse qué estaba buscando: aceptación, pertenencia o evitar la soledad.
4. Construir identidad: pertenecer sin dejar de ser uno mismo
Construir identidad supone aprender progresivamente a reconocer qué pensamos, qué queremos, qué límites tenemos y qué cosas estamos dispuestos a hacer —o no hacer— para pertenecer.
Los adultos tenemos un rol esencial: acompañar no significa controlar cada decisión, sino estar disponibles para escuchar sin juzgar de inmediato, conversar sobre los riesgos y transmitir que pertenecer a un grupo nunca debería implicar dejar de ser uno mismo.
Prevenir el consumo problemático implica trabajar sobre la autoestima, el pensamiento crítico y la posibilidad de pedir ayuda. Como reflexionaba Gastón Pauls: 'Nunca más quiero ser otro para caer bien o encajar, prefiero mil veces ser yo mismo con mis sombras y caerle mal a quien le caiga mal, pero estar tranquilo de que soy yo'. De eso también se trata crecer: pertenecer sin perderse.
Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.


