Más allá de la conducta: comprender lo que niños y adolescentes expresan

Berrinches, silencios y desbordes no son desafíos caprichosos, sino intentos de comunicar lo que aún no tiene palabras: claves de mentalización y acompañamiento para las familias.

Acompañamiento y mentalización de las conductas en la infancia y la adolescencia
Puntos clave de este artículo
  • Los niños y adolescentes no siempre cuentan con los recursos madurativos para poner en palabras su malestar: su mundo interno se expresa en actos.
  • Detrás de berrinches, dolores físicos recurrentes o silencios herméticos suele haber una necesidad afectiva no satisfecha o miedo.
  • La capacidad de mentalización —comprender los estados mentales detrás del comportamiento— se desarrolla a través del vínculo empático con los adultos.
  • Poner límites firmes y amorosos no está reñido con comprender la emoción que desata la conducta.

1. Lo que no puede decirse con palabras, se expresa en actos

Muchas veces los adultos esperamos que los niños y adolescentes puedan explicarnos con claridad qué les sucede: por qué están enojados, tristes o qué necesitan en ese momento.

Sin embargo, el aparato psíquico infantil y adolescente aún se encuentra en pleno desarrollo. Cuando las emociones desbordan sus recursos verbales, lo que no puede decirse aparece en la conducta.

Aparece en un berrinche desmedido, en pesadillas nocturnas, en quejas somáticas (dolores de panza o de cabeza sin causa orgánica), o en un niño que repentinamente se aísla. En los adolescentes, se expresa frecuentemente en monosílabos, apatía o irritabilidad ante cualquier pregunta cotidiana.

Es comprensible que las familias se angustien y busquen suprimir esa conducta de inmediato. Pero además de preguntarnos cómo hacer para que el comportamiento cese, es fundamental preguntarnos: ¿qué estará intentando comunicar?

Detrás de una conducta que incomoda o preocupa, casi siempre hay una emoción que todavía no encuentra palabras para ser dicha.

2. Mirar más allá de lo evidente: la capacidad de mentalización

Esto no significa justificar cualquier desborde ni dejar de marcar límites claros. Los límites brindan seguridad y estructuran el mundo infantil. Significa no quedarnos únicamente en la superficie de lo visible.

Durante la infancia y la adolescencia se va desarrollando la capacidad de mentalización: la habilidad para comprender los propios estados mentales y los de los demás (deseos, intenciones, sentimientos y pensamientos).

Esta capacidad no surge sola ni madura de forma automática: se construye a través de la mirada de los adultos referentes. Cuando un padre o madre le devuelve al niño una lectura comprensiva («Estás enojado porque querías seguir jugando, te entiendo pero es hora de comer»), le ayuda a nombrar y metabolizar lo que siente.

3. Cuando aparece el «no sé» en la adolescencia

En la adolescencia, el clásico «no sé» suele generar desesperación en los padres. Aunque pueda parecer desinterés o falta de respeto, muchas veces es una respuesta genuina: el adolescente realmente no sabe qué le pasa.

La adolescencia conlleva un torbellino de cambios corporales, identitarios y vinculares. Separarse de las figuras parentales genera una ambivalencia dolorosa: desean autonomía, pero continúan necesitando contención afectiva.

En ocasiones, el silencio es la única trinchera que encuentran para proteger su intimidad en construcción. Saber esperar y ofrecer una presencia disponible sin interrogatorios agobiantes es la mejor forma de mantener el puente tendido.

4. Las familias no tienen que tener todas las respuestas

Acompañar a un hijo no implica ser perfectos ni descifrar cada misterio con precisión milimétrica.

Cuando una conducta se vuelve disruptiva, se prolonga en el tiempo o interfiere de forma significativa en la escuela o en el sueño, la consulta con un profesional de la psicología es una oportunidad valiosa.

No se trata de buscar terapia únicamente ante situaciones extremas, sino de abrir un espacio de pensamiento compartido para entender qué necesita ese hijo y cómo ayudarlo a crecer con bienestar.

Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.